Mi manera de ver la fotografía

Es increíble sentir que alguien te deje entrar,  que te da total confianza, que se abre completamente a ti en el día más importante de su vida y que tu estás allí para cazarlo todo y no perderte nada y posteriormente entregárselo en forma de recuerdos que conservará para siempre.

La sensación de mirar a una fotografía y descubrirte reviviendo ése el momento como si estuviera pasando es indescriptible.

Perseguir las emociones, capturarlas y posteriormente entregárselas para siempre a mis clientes ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Me encanta hacer pasar un rato divertido y romántico a la gente además de conseguir sacar el máximo partido de esos detalles con mi cámara.


Un poquito de mí

Nací en Barcelona una lluviosa madrugada de 1978, así empecé ya, naciendo en contra de lo establecido, de la media, de lo normal. Algo decía desde el principio que no soy muy normal. No digo que sea mejor que nadie, pero desde luego no sigo a la mayoría.

Acabé especializando mi educación en una de mis pasiones, la informática, concretamente la programación.

Trabajé programando aplicaciones durante 13 años. Años mejores, donde programaba cosas chulas aunque la empresa apretaba, pero no importaba, era bonanza económica y me gustaba lo que hacía. Y años peores donde programaba cosas aburridas que hicieron que odiara la programación y me dedicara a mi otra gran pasión, el arte gráfico, pero mas en concreto a la fotografía.

¿Qué quiero decir con el arte gráfico? Siempre me ha encantado dibujar, era de esos que todo el mundo le pedía que le dibujara algo e incluso los profesores me pedían las caricaturas que les hacía porque les gustaban. También me gusta la música (hacía música electrónica con el ordenador), el cine, la pintura y siempre me llamó la fotografía. Corría una Werlisa por casa desde que nací y siempre me encantó jugar con ella, pero no fue hasta 1998 hasta que me compré mi primera reflex y un par de objetivos buenos, o eso creía entonces. ¿Porqué me la compré? Porque un día me dije, me encanta dibujar pero no tengo paciencia para hacer grandes obras, para plasmar las emociones y momentos que veo en la vida real sobre un papel o lienzo. Así que ¿cómo puedo dibujar o hacer un cuadro en menos tiempo?, ¿cómo puedo guardarme lo que veo o lo que siento sin perder el encanto del momento, de la inmediatez? La respuesta estaba clara, ¡haciendo fotos!

Así que empecé quemando carretes de 36 con mi Minolta, ¡que en Fotoprix con el descuento te los revelaban por "mil pelas” oye!, unas cuantas “mil pelas” me gasté, pero valió la pena. Me leí las instrucciones de la cámara y empecé a fotografiarme los pies, le hacía fotos al canario, desenfocaba una cosa y enfocaba la otra, le hacía fotos a mi novia (ahora ya mi mujer, ¡llevamos tantos años juntos amor mío!), le hacía fotos al coche (otra pasión que tengo), hacía fotos en los viajes, a todo vamos. Hasta que un día le hice fotos a una prima en su boda y a la gente le gustaron las fotos, y después a otra prima de mi mujer en otra boda, y a otra, y a otra, hasta que al final tenía el nombre impuesto de fotógrafo oficial de la familia, amigos y conocidos.

Después vino mucha formación online, con los mejores fotógrafos del mundo. Estuve unos cuantos años asistiendo “virtualmente” a decenas de talleres de fotografía que se hacen en Estados Unidos. De ellos he aprendido a hacer mejores fotos en general, a iluminar, a tratar con los clientes y a vivir de la fotografía.

De fotógrafo oficial de la familia a fotógrafo profesional hay un trecho muy grande, pero el aburrimiento con la programación hizo que un día me decidiera a hacerle, de manera ya completamente oficial, las fotos de la boda a una compañera de trabajo. El resultado no pudo ser mejor, ella tenía sus fotos que le encantan con su álbum precioso y yo tenía la experiencia de haber hecho una boda completa con preboda y todo.

Esto fue en 2011. Muchas sesiones, muchas bodas y en definitiva, muchas fotos. Como pasa el tiempo.